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La agricultura en manos de las mujeres rurales

31 Jul 2018

 

La mujer rural tiene una vida muy sacrificada pues debe cumplir un doble rol, ser madre y agricultora.
A pesar del aporte significativo que están brindando las mujeres rurales a la producción local, su trabajo muchas veces es invisible.
Los productos que se cultivan sobre todo en los huertos familiares, son altamente productivos y poseen nutrientes indispensables.
Según los sociólogos existe una tendencia de lo que se ha llamado la feminización de la agricultura.

 

 


A nueve kilómetros, en la parte nororiental de la ciudad de Loja, está localizada la comunidad de Virgenpamba Alto, en cuya zona viven alrededor de 20 mujeres dedicadas a la producción de verduras y hortalizas, que mediante la organización están luchando por mejorar los cultivos y elevar sus condiciones de vida.


Doña Margarita Morocho, madre de seis hijos, afirma que antes de reunirse, la siembra no era contiua, ya que los productos cultivados no resultaban rentables y lo que ganaban era poco. 
 

 

  • "Muchas veces, ni siquiera sembrábamos porque como existía abundancia del producto, se abarataba mucho y no se ganaba nada. Ahora desde que conformamos la asociación de productoras, hace tres años, estamos contentas y la siembra ha sido permanente, pues cultivamos productos de todo tipo y los ingresos económicos con los que contamos son mejores que antes", expresó la campesina.

 

La señora Margarita forma parte del proyecto "Sañe Fase 1", programa que está siendo desarrollado por Fundatierra en la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Podocarpus, que entre sus objetivos persigue el mejoramiento de los productos agrícolas de la zona y la preservación de los recursos naturales.

 

  • "Al inicio hicimos un diagnóstico para conocer en qué áreas podíamos ayudar a la gente que vive en la zona. Entonces detectamos que los cultivos eran desaprovechados y las mujeres eran las que más tiempo pasaban en los hogares, pues los maridos se dedicaban a otras actividades. Por eso con las esposas comenzamos en la formación de grupos asociados con programas productivos. Lo que hicimos no fue cambiar su forma de hacer las cosas sino mejorarlas", subrayó Ivón Moreno, coordinadora del Proyecto "Sañe, Fase 1".

 


Esta misma situación está siendo replicada en cantones como Pindal, Celica, Zapotillo, Macará, donde las campesinas han formado varias asociaciones, con el apoyo de otras Organizaciones no Gubernamentales, donde la producción de maíz, arroz y cultivos de ciclo corto son considerables. 
Además quienes están al frente del proyecto "Sañe, Fase 1" advierten que el trabajo desempeñado por este grupo de mujeres y por otras comunidades de la provincia es decisiva en la producción de cultivos básicos como las hortalizas, verduras, y legumbres, ya que son las que abastecen los mercados locales, con productos sanos y de buena calidad, que no han sido tratados con químicos ni fungicidas. "Hemos proporcionado algunas técnicas agrícolas para que utilicen fertilizantes naturales y, de esta forma, les estamos enseñando a preservar y cuidar el medio ambiente", anotó Moreno.

 

 


Mujer cumple doble papel
Pero, el trabajo que ha desarrollado Fundatierra y otras entidades ha ido más allá, porque en el proceso de fortalecimiento del proyecto, la mujer rural ha demostrado eficacia con la participación de su mano de obra en las faenas agrícolas, pues han debido adaptarse a un doble rol que exige cumplir su responsabilidad de madre, junto a la necesidad de obtener recursos para la educación de sus hijos por medio de la agricultura.


Para Numan Maldonado, Decano de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Loja, la participación de la mujer en las tareas agrícolas no es nuevo, ya que desde épocas remotas, la mujer ha jugado un papel preponderante, más aún en la provincia, donde ha existido la tendencia del padre, a salir a trabajar como asalariado en la ciudad o fuera del país, permaneciendo ausente durante largo tiempo. La casa queda a cargo de la esposa, misma que ha estado al cuidado del hogar, el campo y los niños.

 

"En términos cuantitativos la producción de la mujer es mucho más significativa, ya que a más de las actividades de la casa, se suma la responsabilidad y el cuidado de las faenas agrícolas que pasan al mando de la mujer. Ella con sus hijos se dedican a la siembra y cultivo; por tanto, su trabajo se convierte en una acción muy sacrificada".


Esta opinión es compartida por la coordinadora provincial de la Red de Mujeres en Loja, Nívea Vélez, quien añade que el trabajo de la mujer rural ha sido doblemente relegado, pues su labor ha pasado ante la sociedad de forma invisible.

 

"Hemos estado trabajando de cerca con ellos y se notan ciertas particularidades; por ejemplo la mujer rural comparte las tareas con su compañero y cuando no está con él por la migración, ella asume todas las tareas domésticas y del campo; pero a la hora de tomar decisiones no tiene mayor injerencia en la pareja y el hombre es siempre quien tiene la última palabra".
 

 

 


Idiosincrasia cultural
Asunción Cango, otra productora del sector de Virgenpamba aseveró que uno de los problemas que tuvo para formar parte del proyecto de Fundatierra fue precisamente que su esposo le permita participar en estos procesos.

 

  • "Al principio no quería, tenía desconfianza, pero después que empezó a ver que era una cosa buena, cambió y ahora me ayuda en el cultivo y mantenimiento de las parcelas".


Vélez manifiesta que pensando en este tipo de problemas culturales que tiene que atravesar la campesina, la organización está empeñada en fortalecer el trabajo comunitario, para ello están incentivando el proyecto denominado "Fortaleciendo la ciudadanía con las mujeres rurales", "Lo que queremos es ayudarlas en el manejo de la tierra y cuidado del medio ambiente, ya es hora que su trabajo sea conocido y para ello requieren conocer los derechos que les asisten y ejercer su ciudadanía".
 


Comercialización
La cadena productiva del agricultor hasta llegar al consumidor es larga y complicada; las mujeres rurales no se limitan solamente al cultivo y a la recolección sino también a la comercialización de los productos, pero es precisamente, en esta área, donde su esfuerzo puede echarse a perder. 

 

  • "Las mujeres rurales son entes productoras, pero no comercializadoras. Ella duplica y triplica su esfuerzo, pero a la hora de comercializarlos, no son las beneficiarias directas porque los intermediarios ofrecen precios muy bajos que debido a la necesidad son aceptados", mencionó la coordinadora de la Red de Mujeres.

Preocupada por este aspecto, Fundatierra, buscó un canal de comercialización de las hortalizas orgánicas; para ello se desarrolló primero una feria, donde se mostró los productos y se efectúo contactos con personas que deseaban recibir este beneficio, para lo cual se montó un centro de acopio, en la que la gente iba y retiraba su canasta. Sin embargo, ahora están trabajando con una entidad llamada Recosur, en la que las mujeres ya no salen a los mercados sino que los vegetales son retirados desde sus parcelas para después ser expendidos al público. "Los compañeros nos abrieron las ventas, porque al principio cuando vendíamos en el mercado no teníamos mucha acogida por la competencia, pero ahora tenemos los compradores seguros, a quienes entregamos la cantidad del contrato y lo que nos sobra lo vendemos en el mercado de Las Pitas" puntualizó Asunción.
 

 


Capacitación
Ivón Moreno dijo que al llegar a las zonas de cobertura del proyecto como son Virgenpamba y Yanacocha encontraron que los cultivos estaban dispersos y no había una adecuada organización pero después de algunos años las cosas han cambiado.


Esta madre de familia reconoce que una de las necesidades básicas que tiene es la capacitación, pues la falta de técnicas agrícolas para su aplicación limita su producción.


"La ayuda que estamos recibiendo de nuestras compañeras técnicas es buena y debería el Gobierno apoyarnos más, para capacitarnos y de esta forma aprovechar mejor nuestros terrenos" destacó una campesina.
Ramiro Aguirre, director del Centro Andino de Tecnología Rural (Cater) de la UNL acotó que una de las limitaciones que enfrentan las mujeres para volverse más productivas, es que junto a las faenas domésticas se suman las agrícolas, que ha generado que su trabajo se duplique. 


El Cater respondiendo a esta necesidad, en sus múltiples proyectos ha implementado varias herramientas aplicables a las condiciones tipográficas de cada zona, con el propósito de facilitar la calidad del trabajo de las femeninas, con la elaboración de equipos que hagan que las tareas del campo se simplifiquen.


"En la época actual la mujer tiene una participación muy importante en los procesos económicos, pues también tiene a cargo las actividades agrícolas. Situación que la lleva a prepararse y capacitarse, para enfrentar los nuevos retos que se están planteando, como es tener bajo su responsabilidad la producción agrícola. Lo que hace falta es una capacitación permanente que no sea ambigua, ni irracional sino que debe ser un proceso que se cumpla en las distintas instituciones como una política del Estado" anunció el director del Cater.
De la misma forma, Vélez precisa que la Red de Mujeres se ha tomado la decisión de otorgar una gran apertura a las mujeres rurales, que desde el año pasado han venido desarrollando proyectos comunitarios y partir de este año entrarán en un programa de capacitación permanente que permita su progreso social.

 


La mujer invierte más en alimentación
Las campesinas invierten una parte mucho mayor de su dinero que los hombres en la alimentación del hogar.

 

"Las características de estas mujeres es que utilizan la mayor parte de sus ingresos para atender las necesidades del hogar, mientras que los hombres dedican, por lo menos el 25% a fines distintos, a los gastos relacionados con la familia"
 


Diversidad biológica
Son a menudo las campesinas las depositarias de los conocimientos relativos a las variedades y su utilización como alimento o medicinas, a los oficios y prácticas culturales. Las agricultoras poseen una especial habilidad por mantener la diversidad de los cultivos y las especies de plantas silvestres, puesto que son ellas las que usan estos recursos genéticos para desarrollar nuevas variedades de conformidad con las necesidades y preferencias.
El sabor, la textura, los requisitos de elaboración, la calidad de almacenamiento, la resistencia a las plagas y las enfermedades y la capacidad de adaptación del suelo y el clima, son algunas de las características que las mujeres tratan de obtener, ya sea con plantas cultivadas o con árboles, arbustos y hierbas indígenas. 

 


Conocimientos ancestrales
Los conocimientos adquiridos a lo largo de los siglos de experiencia práctica, con especies y ecosistemas locales, han permitido que la mujer rural posea bastos conocimientos sobre plantas medicinales y que por ende sea la generadora de varias especies de plantas con facultades curativas, cuya comercialización en el mundo alcanza los 60 millones de dólares.
 


En la cultura
Son las poseedoras y transmisoras de sus culturas tradicionales, es decir, música, leyenda, celebraciones, artesanías, costumbres, idiomas y alimentos.
 

 

El desafío

"Los especialistas señalan que el desarrollo económico sostenible de las comunidades dependerá de la capacidad que tengan para explotar sus conocimientos tradicionales en beneficio personal y de las comunidades, ya que constituye uno de los capitales mas preciados que poseen y constituye una potencial fuente para aliviar la pobreza."
 



 



 

 

 

 

FUENTE:

https://lahora.com.ec/noticia/1000051407/home

 

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